¡Hey! ¡Aquí
estamos de nuevo! Hoy con ataques de ira repentinos y esporádicos pero bueno,
espero superar de una vez ya la crisis de abstinencia que lleva encima mi
cuerpo…
Y esta
vez me ha dado por odiar todo, (me refiero a objetos estúpidos), como cualquier
cosa que esté inventada sin ni siquiera haber probado antes si funciona
correctamente o si su uso es relativamente fácil.
Como por
ejemplo los bricks , ¡estúpidos bricks que almacenan líquido!, ¿Quién es el
gilipollas que no se ha dado cuenta de que van demasiado llenos?, 250ml de zumo
para mi hijo… para qué? Si al insertar la cañita y asirlo con la mano ya salen
disparados unos 175ml por el extremo de la pajita….
Y bueno,
si de leche se trata… no te preocupes, que el derrame por la encimera siempre será
inversamente proporcional al tamaño del vaso…. Cuan más grande el vaso, más
leche caerá por todos sitios cual boca de incendios descontrolada… Y bueno, si
tiene abrefácil, ¡la cosa será una puta odisea!
Luego
están las botellas de plástico, en fin, seguro que el tío que hizo esos tapones
sin hendiduras para poder abrirlas aún con las manos mojadas debe estar
flagelándose por inútil. Tapones casi lisos, sin relieve, sin grabado, al menos
podrían haber escrito unas instrucciones de uso en la etiqueta, como por
ejemplo: “Imprescindible trapo de cocina a mano”, lo que yo digo…. Y que luego
haya coches que ya funcionen con energías alternativas…
Y bien,
no hablemos de los infinitos golpes para abrir un bote de conserva con una
súper tapa liiiiiisa… Creo que el señor que las creó es el mismo que decidió no
cambiar el tipo de abertura de algunas latas de metal, y pienso también que
antes era soldado y la bohemia le lleva a querer quedarse con más de una anilla
en el dedo…
El caso
que este mundo está loco y ya nadie cae a pensar en hacerlo un poquito más
fácil reparando estas pequeñas cosas…
Los
mecheros de seguridad… Señor Creador, le doy las gracias porque ahora ni
siquiera yo puedo encenderlo. No se preocupe estupendo inventor, los incendios
ahora ya pasarán a ser cosa de culturistas con manos tipo “manojo-pollas”….
Los
mangos de las sartenes, odioso tío que no ha conseguido que no se desatornillen
cada tres usos, las bolsas de ganchitos estúpidas que necesitan de todo un
experto para que no se rasguen de arriba abajo, botes de gomina que acaban
pareciendo “flubber”, horquillas de un solo uso por su poca capacidad de
retener pelo entre sus pinzas, abrefácil de embutidos que retan al aire a
balancearse entre las inmensa abertura que queda después de abrirlos, para que
se reseque hasta el último indicio de jugosidad que haya… la lista es bien
larga… pero, ¿en qué siglo dijimos que vivíamos?
Al menos
sirve como buena terapia el dejar que el odio se canalice en productos…
Bueno…
bonita prueba de exteriorizar… ¡haber con qué se me ocurre de nuevo intentarlo
la próxima vez! ¡Ale!
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